Jonatan N. Parra
Muy cerca del Centro Histórico de Querétaro y a un costado de la Universidad Autónoma de Querétaro, se ubica uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad, que marcó un antes y un después en la historia nacional. Este lugar adquiere un nombre particular que se explica a partir de un fenómeno natural.
El Cerro de las Campanas debe su denominación a la presencia de rocas fonolitas, un tipo de roca formada por la acumulación y solidificación de magma, de acuerdo con el Servicio Geológico Mexicano (SGM).
A diferencia de un volcán común, estas piedras no salieron como una erupción, sino que quedaron al descubierto después de millones de años.

Su nombre «fonolita» proviene de su capacidad de emitir sonido; las rocas, al ser golpeadas entre sí, producen un sonido metálico que se ha asociado al de las campanas. El término proviene del griego phōnē (sonido o voz) y lithos (piedra).
El ahora Parque Nacional Cerro de las Campanas está también cargado de historia, puesto que fue el escenario donde ocurrió el fusilamiento del emperador Maximiliano de Habsburgo, junto con los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, en 1867. Este acontecimiento marcó el fin del Segundo Imperio Mexicano y la consolidación de la República.
Por ello, en el lugar se puede visitar la Capilla de la Piedad, construida en memoria de Maximiliano de Habsburgo, así como el monumento a Benito Juárez, colocado más tarde en la cima del cerro.


