Mucho caos y poca lógica: así es la secuela de El Día del Fin del Mundo
Por: Germán Ramírez
Calificación: 2 de 5
Género: Terror, drama, comedia, suspenso
Clasificación: B
Sinopsis
Después de sobrevivir al fin del mundo tras la caída de un cometa, Jeff Garrity, junto con su esposa Allison y su hijo Nathan, decide abandonar el búnker que los ha mantenido a salvo durante cinco años para buscar una zona en Europa que podría ser habitable. Así, el último refugio se convierte en el principio de un nuevo comienzo.
Juntos emprenden un viaje en el que los desastres naturales y los humanos que sobrevivieron han convertido el mundo en un auténtico infierno.
Crítica
Estamos frente a una cinta muy entretenida, ya que nunca deja al público respirar con todo lo que les sucede a sus protagonistas. Sin embargo, es precisamente ahí donde falla: lo hace de una manera tan exagerada y carente de sentido que, casi desde el inicio, se vuelve predecible.
Su mayor error recae en un guion que únicamente construye situaciones para poner a los personajes en riesgo… y hacer que siempre salgan bien librados.
Aquí es donde la película queda muy lejos de su antecesora. Aunque aquella tenía ligeros toques de exageración, nunca caía del todo en lo absurdo, pues su principal motor era el drama provocado por el impacto del meteorito. Al perder ese eje narrativo, esta secuela se diluye no solo en los típicos clichés del género, sino que los lleva al extremo.
Y ese no es su único problema: los personajes secundarios son completamente desechables y, en muchos casos, se deshacen de ellos de la forma más absurda imaginable. Lo peor es que no solo se vuelve obvio lo que sucederá con cada uno, sino también agotador y estresante, ya que jamás logran generar verdadero interés. Y tampoco es que los protagonistas aporten demasiado para volverse memorables.
Eso sí, logra sostenerse gracias a un ritmo frenético que evita el aburrimiento, pese a la manera en que está construida la historia y a lo poco interesantes que resultan sus personajes principales.
Al final, a diferencia de su antecesora, estamos ante otra típica película de desastres que solo consigue entretener gracias a su trepidante montaje.


