- Carmen Galván
Con lluvia, aire y sol, pero llena de fe y devoción, se realizó la 60ª edición de la Procesión del Silencio en el Centro Histórico de Querétaro.
Como cada año, al llegar el atardecer del Viernes Santo y tras los viacrucis y procesiones del día, el silencio envolvió las calles del Centro Histórico.

Miles de queretanos y turistas se colocaron en calles como Felipe Luna, 5 de Mayo, Pasteur, Reforma, Juárez, Corregidora e Independencia para ser testigos de esta tradición.
Desde antes de las 5 de la tarde, familias sacaron sillas y bancos para asegurar un lugar y presenciar esta representación cargada de simbolismo y devoción.
La Procesión del Silencio invita a la introspección, al arrepentimiento y a la contemplación del dolor de la Virgen María tras la crucifixión de Jesús.
El cortejo salió del Templo de la Cruz alrededor de las 6 de la tarde. Se estima la participación de cerca de 25 órdenes y más de 1,200 personas, muchas de ellas en cumplimiento de alguna manda o promesa.

Los participantes caminan descalzos sobre el adoquín, portando túnicas de colores que distinguen a cada orden —morado, rojo, blanco, negro o verde— y cubriendo sus rostros con capirotes. Algunos atan cadenas a sus tobillos y cargan cruces de madera de entre 15 y 20 kilogramos, según su penitencia.
Además del cortejo, la procesión incluye imágenes religiosas que acompañan a los fieles, entre ellas distintas representaciones de la Virgen: la Virgen de los Dolores, la Virgen de la Soledad y la Virgen del Pueblito, así como figuras de San José y Jesús en diversas escenas del viacrucis.
Alrededor de las 7 de la noche comenzó a llover, lo que ocasionó que la procesión se detuviera por lapsos más largos de lo previsto para proteger las imágenes y por seguridad de los participantes.
La lluvia también provocó que muchas familias se retiraran del Centro; sin embargo, otros fieles permanecieron hasta el final del recorrido.


