La batalla, el eclipse y la cruz: así nació Querétaro, según la tradición

  • Manuel Chávez

Están por cumplir 495 años de la fundación de Querétaro el próximo 25 de julio, conmemoración de la Batalla del Sangremal, una leyenda llena de fe, choque entre dos culturas y el inicio de una ciudad que refrenda su historia hasta la fecha.

La historia comienza poco después de la caída de Tenochtitlan, cuando Conín huyó de la guerra que estalló en el centro del país y, junto con algunos familiares, llegó a La Cañada para comenzar una nueva vida, siendo aceptado por los habitantes de la región y continuó con su trabajo como comerciante.

En sus viajes a diferentes partes de lo que hoy es México, conoció al conquistador Hernán Pérez de Bocanegra, que lo convenció de bautizarse, convertirse a la religión católica y tomar el nombre de Fernando de Tapia. Al volver con su familia, les explicó lo que pasaría: tarde o temprano, la guerra llegaría a ese valle y convertirse a esta nueva religión podría darles la oportunidad de sobrevivir.

Pero encontró resistencia entre su gente, ya que muchos lo vieron como una traición a sus creencias, por lo que acordó con ellos pactar un combate contra los conquistadores, con sus mejores guerreros en la punta del Cerro del Sangremal, donde valía todo, menos el uso de armas.

La pelea fue vista por decenas de personas, pero fue interrumpida por un eclipse que oscureció el cielo y brilló en el horizonte el apóstol Santiago, llegando a caballo junto con una cruz, un milagro que hizo rendirse al bando local y convertirse a la religión que profesaban los españoles.

En el lugar se colocó una cruz de cantera, que marcaba la zona donde se había visto al apóstol Santiago y fue lugar de culto para los primeros habitantes de Querétaro. Ahí, años después, se construyó el Convento de la Santa Cruz de los Milagros, una de las primeras escuelas de misioneros franciscanos que buscaban evangelizar América Latina.

Un recinto que hasta nuestros días es utilizado para la formación de sacerdotes y que es conocido por su peculiar árbol de espinas en forma de cruz, que, según cuenta la leyenda, fue obra de Fray Antonio de Jesús, que enterró su bastón e hizo crecer este tipo de ramas.

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